Un contrato para jóvenes de hasta 30 años, de seis meses de duración máxima prorrogable hasta un año, con un salario por debajo del mínimo interprofesional y que no da derecho a prestación por desempleo, que no cotiza a la seguridad social y que no tiene compensación por despido.
Pero se les ha olvidado contar que en Francia, este tipo de contrato está pensado para personas sin estudios o que estando recibiendo una formación profesional la están complementando mediante un contrato parcial en una empresa relacionada con el sector en el que se están formando. Y en cuanto al salario, tampoco dicen que en Francia, el salario mínimo interprofesional, es algo superior a los 1.300 €.
Esta propuesta no es realmente ninguna novedad. Yo inicié mi camino profesional con un tipo de contrato así. Y lo formalizaba la propia universidad. Mediante ese contrato, podías realizar el proyecto final de carrera y a la vez una empresa te contrataba si cumplía una serie de requisitos, como que el proyecto laboral para los seis meses de duración fuera lo suficientemente interesante como para complementar la formación. Además se obligaba a pagarte un salario mínimo y tú a cambio tenías la posibilidad de empezar a andar y adquirir experiencia.
Doce años después sigo en la misma empresa. Pero sin embargo también vi como había empresas que se habían habituado a cubrir varios puestos de trabajo mediante ese tipo de contrataciones y como algunos compañeros debían devolver, una vez demostrado el cobro a la universidad, la retribución que recibían por parte de la empresa en la que compaginaban su proyecto final de carrera.
También han existido los contratos de inserción previamente, pensados para jovenes que empezabas a trabajar con dieciseis años, algunos sólo en verano, otros porque dejaban los estudios de manera definitiva. Mediante esos contratos de formación, la empresa te retribuía el 50 % de la jornada porque el resto, por tu condición de aprendiz, estabas siendo formado en el puesto de trabajo.
Pero en la propuesta actualmente lanzada, el único beneficiado sería el empresario que decidiera hacer uso de ese tipo de contrato mediante el cual puede desgrabar un gasto.
Enseguida han dicho que era solamente una idea que está encima de la mesa. Y lo ha dicho Diaz Ferran, añadiendo que la preocupación de los empresarios en la mesa de negociación es ir hacia un mercado laboral en el que realmente se pueda acabar con la gran temporalidad existente y se vaya hacia una mayor seguridad del trabajador en su puesto de trabajo y en su futuro.
Esto, y el concepto que añadió de flexiseguridad, del que poco se ha hablado, serían pasos importantes, pero no creíbles en alguien capaz de haber dejado sin cobrar más de ocho meses a toda la plantilla de su empresa y considerar simplemente que le había tocado un mal número de la lotería.
Los empresarios se hacen un flaco favor manteniendo como su representante a alguien como Diaz Ferrán sobre el que pesa ya la sombra de alzamiento de bienes en la sociedad que debió cerrar. En estos momentos en los que hace falta la máxima implicación por parte de todos y la máxima implicación en una situación en la que hacen falta cambios, hay una pieza que no encaja en el puzzle.
Pero es que además, no cejan en el empeño de lanzar propuestas inaceptables. Se ha visto que el problema del sistema financiero ha sido la falta completa de regulación. Sin embargo, eso es lo que propone precisamente la CEOE para el mercado laboral, que se elimine la necesidad de que los ERE pasen la revisión de la Inspección de Trabajo y que necesiten cumplir con ciertas condiciones y ser aprobados previamente para llevarse a termino.
Y da igual que aún existiendo una ley por la que supuestamente debe indemnizarse con 45 días por año trabajado no se cumpla y se esté en una media de en torno a 30 días. Ellos proponen que sean sólo 20 ó 22 días, así unido a la desregulación sobre el despido en caso de conseguirlo tendrían de facto el despido libre y gratuito.
Se ha demostrado que si algo es fácil en el mercado laboral español es despedir. Lo que necesitamos es contratos que permitan realmente tener una carrera laboral; empresas que consigan implicar a los trabajadores en sus proyectos empresariales como un activo y no solamente como una fuerza de trabajo; empresas en los que los directivos no tengan unicamente implicaciones a la hora de bonus y retribuciones, sino también en cuanto al funcionamiento y mejora de la productividad de sus empleados.

















